Comer sola cuando viajas: 10 maneras de disfrutar la experiencia

por Nayibe
8 minutos Leer

Has llegado al restaurante. Todas las mesas parecen ocupadas por parejas o grupos, tú tienes una mesa para una y, de repente, esa mesa parece tener un foco encima. Comer sola mientras viajas puede parecer una de esas situaciones que sobre el papel no deberían tener ninguna importancia, pero que en la práctica pueden hacernos sentir bastante incómodas.

La buena noticia es que no tienes que esperar a que desaparezca mágicamente esa sensación. Puedes hacer algunas cosas para que comer sola resulte más natural y, sobre todo, más agradable. 

Desde elegir bien el restaurante hasta convertir la comida en un pequeño plan dentro del viaje, estas 10 ideas pueden ayudarte a disfrutar mucho más de esos momentos.


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Antes de sentarte a comer sola: hazlo fácil

No necesitas empezar tu experiencia comiendo sola en el restaurante más elegante de la ciudad. Si sabes que puede incomodarte, lo más inteligente es ponerte las cosas fáciles desde el principio.

Elige un lugar para comer sola donde te sientas cómoda

No todos los restaurantes transmiten la misma sensación cuando vas sola. 

Una cafetería, un restaurante informal, un mercado gastronómico o un local con barra pueden resultar más naturales que un restaurante muy formal y lleno de parejas.

También puedes buscar lugares frecuentados por viajeros, donde ver a personas comiendo solas sea algo habitual.

No hay una opción correcta. Si sentarte en una terraza te hace sentir más cómoda que ocupar una mesa en medio del salón, elige la terraza. Comer sola en un restaurante debería empezar por sentirte a gusto con el lugar.

Busca restaurantes que encajen con tu estilo de viaje

Antes de entrar, piensa en lo que realmente te apetece: ¿quieres probar comida local?, ¿buscas algo rápido?, ¿prefieres una cena tranquila?, ¿tienes un presupuesto concreto?

También conviene tener en cuenta la ubicación, el ambiente, los horarios y si puedes reservar con antelación.

No tienes que demostrar nada comiendo sola en un restaurante sofisticado si eres más feliz con una hamburguesa, unos noodles o un bocadillo en un local informal. Comer sola de viaje consiste también en poder elegir sin negociar.


10 maneras de disfrutar de comer sola cuando viajas

Una vez que has elegido un lugar en el que te sientes cómoda, queda la parte más importante: disfrutar del momento. 

Estas ideas no son reglas que tengas que cumplir, sino opciones para que puedas encontrar la forma de comer sola que mejor encaje contigo.

Si lo que más te incomoda es ese tiempo entre que haces el pedido y llega la comida, llevar algo contigo puede ser un buen recurso.

Un libro, ebook, revista, podcast o incluso un diario de viaje pueden acompañarte durante esos minutos. También puedes aprovechar para hacer un crucigrama, escribir algunas notas o revisar las fotos del día.

Pero no tienes que mantenerte ocupada por obligación. Si un día no te apetece sacar nada del bolso, tampoco pasa nada. La idea es que tengas un recurso a mano por si lo necesitas, no que tengas que parecer ocupada para justificar que estás sola.

Cuando comes sola, tienes algo que quizá no tendrías si estuvieras manteniendo una conversación: tiempo para observar.

Fíjate en cómo funciona el restaurante, qué platos pide la gente, cómo se prepara la comida o qué ocurre en la calle. Si tienes una mesa junto a una ventana, puedes simplemente mirar el movimiento de la ciudad.

Incluso puedes descubrir pequeñas costumbres locales que pasarían desapercibidas de otra manera.

No hace falta convertirse en detective privado del restaurante, pero observar lo que ocurre alrededor puede ser bastante entretenido. Y, de paso, hace que dejes de estar tan pendiente de ti misma.

Una de las ventajas de comer sola es bastante sencilla: tú decides qué quieres comer.

No tienes que convencer a nadie para probar ese plato que no sabes exactamente qué contiene, ni renunciar a un restaurante porque a tu acompañante no le apetece. Puedes elegir lo que te llame la atención, pedir una especialidad local o incluso cambiar de opinión en el último momento.

También puedes decidir cuánto quieres gastar, si prefieres un plato ligero o si hoy toca darse un pequeño homenaje.

La elección del asiento puede cambiar bastante cómo te sientes.

Una mesa en la barra puede resultar especialmente cómoda porque estar sola allí parece completamente natural. También puedes elegir una mesa junto a una ventana, en una terraza o en el exterior de un restaurante con vistas a una plaza.

👉 Lo importante es encontrar una posición en la que no sientas que todo el restaurante está pendiente de ti.

📌 Recuerda
No existe una “mesa correcta” para quien viaja sola. Si prefieres una mesa tranquila en una esquina, estupendo. Si quieres sentarte en primera fila para observar la vida de la calle, también.

En lugar de pensar “tengo que comer sola”, puedes cambiar el enfoque por “voy a disfrutar de una experiencia gastronómica”.

Busca un restaurante especial, visita un mercado local, prueba una cata, apúntate a una clase de cocina o participa en un tour gastronómico. Cuando la comida es parte de una experiencia, deja de sentirse como una actividad que debería hacerse necesariamente en compañía.

Además, este tipo de planes son especialmente interesantes cuando viajas sola porque puedes elegir exactamente aquello que te apetece probar: desde una degustación de productos locales hasta una clase para aprender a preparar un plato típico.

La comida también puede convertirse en una pequeña pausa para reorganizar tus planes.

Puedes revisar el mapa, comprobar los horarios de un museo, decidir qué barrio visitar después, revisar una reserva o anotar algún lugar que hayas descubierto durante la mañana.

👉 Eso sí: no conviertas la comida en otra tarea de tu lista de pendientes. No tienes que estar optimizando cada minuto del viaje.

Si te viene bien organizarte, hazlo. Si prefieres terminar de comer y decidir sobre la marcha, también. Viajar sola te permite cambiar de plan sin tener que negociar el cambio con nadie.

El móvil puede ser un salvavidas cuando estamos incómodas. Mirarlo constantemente hace que parezca que estamos ocupadas y, de paso, evita que tengamos que pensar en qué hacer mientras esperamos.

Pero también puede convertirse en una barrera entre tú y el lugar en el que estás.

Prueba a guardarlo durante parte de la comida. Presta atención a los sabores, al ambiente o simplemente a lo que ocurre a tu alrededor. Si quieres hacer una foto del plato, hazla, por supuesto. Pero después puedes volver a guardarlo.

👉 No necesitas estar conectada para demostrar que estás haciendo algo.

Comer sola no significa que tengas que permanecer en silencio durante toda la comida.

Puedes preguntarle al camarero qué plato te recomienda, interesarte por algún ingrediente o pedir información sobre la gastronomía local. Si surge una conversación espontánea con otra persona, puedes seguirla.

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Y esto también significa saber cuándo no te apetece seguir una conversación. Cuando viajas sola, puedes encontrarte con personas muy agradables que quieren ayudarte, charlar o incluso acompañarte un rato. Está bien aceptar ese contacto cuando te apetezca y poner límites cuando necesites tu espacio. Si quieres profundizar en este tema, puedes leer «Cómo poner límites cuando viajas sola y sin dejar de ser amable«.

La clave está precisamente en “si surge”. No necesitas obligarte a socializar porque estés viajando sola.

Habrá días en los que te apetezca hablar con alguien y otros en los que solo quieras disfrutar tranquilamente de tu comida. Ambas opciones son perfectamente válidas.

¿Quién ha dicho que una persona sola tiene que terminar de comer y levantarse inmediatamente?

Puedes pedir un café, un postre, terminar el capítulo de tu libro o simplemente quedarte unos minutos observando la calle.

Cuando viajas sola, a veces aparece una presión absurda por ocupar poco espacio o parecer que tienes prisa. Como si una mesa para una persona tuviera un cronómetro incorporado.

Pues no. No tienes que liberar la mesa porque estés sola.

Si el restaurante no está esperando a que entre un ejército de comensales, disfruta de tu sobremesa. Comer también puede ser una pausa dentro del viaje, no simplemente combustible para continuar caminando.

Quizá este sea el cambio de perspectiva más importante.

En lugar de pensar “no tengo a nadie con quien comer”, prueba a pensar “tengo este rato para mí”.

Puedes comer exactamente lo que quieres, al ritmo que quieres y sin negociar absolutamente nada. Puedes quedarte mirando por la ventana, probar algo nuevo, escribir en tu diario o disfrutar de tu comida sin tener que mantener una conversación.

Comer sola mientras viajas no tiene por qué ser el resultado de no haber encontrado compañía. También puede ser una elección.

Y cuanto más normal se vuelva la situación, menos necesitarás hacer algo para distraerte de ella. Simplemente estarás comiendo. Y disfrutando.


¿Y si todavía te da vergüenza comer sola?

Si después de todo esto sigues pensando “sí, pero me da muchísima vergüenza”, tranquila: tampoco tienes que pasar de cero a sentarte sola en el restaurante más concurrido de la ciudad.

Es normal sentirse un poco incómoda las primeras veces. La confianza llega haciendo que la situación deje de ser nueva.

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Además, comer sola no tiene por qué ser sinónimo de sentirse sola. Desde la psicología se distingue entre la soledad elegida y el aislamiento involuntario: para algunas personas, pasar un rato sin compañía puede ser simplemente una forma de descansar, desconectar y disfrutar de su propio espacio. En este artículo de El País Uruguay sobre qué dice la psicología de las personas que disfrutan comiendo solas se aborda precisamente esta diferencia.

Puedes empezar poco a poco:

  • Si es tu primera vez: prueba con un café, un brunch o un almuerzo informal.
  • Si te preocupa sentirte observada: recuerda que la mayoría de las personas están bastante más pendientes de su propia comida que de la tuya.
  • Si no sabes qué hacer mientras esperas: lleva un libro, escucha un podcast o utiliza cualquiera de las ideas anteriores.
  • Si el restaurante te intimida: empieza por un lugar donde comer sola sea algo habitual.
  • Si quieres sentirte más segura: reserva con antelación y evita tener que improvisar cuando ya estés cansada o hambrienta.

Y, sobre todo, no intentes convencerte de que “no tienes por qué sentir vergüenza”. Los nervios no desaparecen porque alguien nos lo diga.

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Si además eres introvertida, recuerda que viajar sola no significa que tengas que socializar constantemente. Puedes disfrutar de una conversación cuando te apetezca y buscar momentos de tranquilidad cuando necesites recargar pilas. De hecho, si este tema te resulta familiar, te puede interesar “Consejos de viaje para viajeras introvertidas y cómo disfrutar sin agotarte”, donde encontrarás más ideas para viajar a tu ritmo sin terminar agotada.

“Es normal sentirse un poco incómoda las primeras veces. La confianza llega haciendo que la situación deje de ser nueva.”


En resumen: Comer sola también es parte de viajar sola

Viajar sola no significa estar sola durante todo el viaje. Puedes conocer gente, apuntarte a actividades, hablar con locales, compartir una excursión y, al mismo tiempo, disfrutar de momentos que sean exclusivamente tuyos.

Comer es uno de ellos.

De hecho, puede ser una de las situaciones más cotidianas en las que aprendes a desenvolverte por tu cuenta: elegir dónde sentarte, pedir lo que te apetece, disfrutar de una sobremesa o simplemente quedarte tranquila mirando pasar la vida.

Al principio quizá una mesa para una persona te parezca enorme. Después puede convertirse en una de tus pequeñas libertades favoritas.

Porque comer sola de viaje no significa que estés perdiéndote algo por no tener compañía. A veces significa que puedes disfrutar del momento exactamente como quieres.

¿Has comido sola durante un viaje? ¿Te resultó incómodo al principio o acabaste disfrutándolo? 

Cuéntamelo en los comentarios y comparte tu experiencia con otras viajeras.

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