La primera vez que hice el Camino de Santiago iba con ganas, ilusión y bastante confianza en que aquello sería, básicamente, caminar durante unas horas cada día. Spoiler: no era exactamente eso. Y aunque no tuve grandes problemas, sí cometí algunos errores al hacer el Camino de Santiago que hoy, con la experiencia, haría de otra manera.
No fueron errores dramáticos ni de esos que aparecen siempre en las listas de «cosas que nunca debes hacer». Fueron pequeños detalles que fui descubriendo sobre la marcha y que me hicieron entender mejor cómo preparar un Camino. Si estás pensando en hacer tu primer Camino de Santiago, quizá puedas ahorrarte alguno.
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Los 5 errores que cometí en mi primer Camino de Santiago
No pretendo convertir mi experiencia en una lista de reglas que todo peregrino deba seguir. Cada persona, cada etapa y cada Camino son diferentes. Pero estos fueron mis cinco pequeños tropiezos y, sobre todo, lo que aprendí de ellos.
No haber entrenado nada antes de empezar
Este fue probablemente mi error más evidente.
Antes de hacer el Camino pensaba que, como caminaba habitualmente y no tenía problemas para andar, no necesitaba ningún entrenamiento especial. Total, caminar sabía.
El problema es que hacer el Camino de Santiago por primera vez no consiste en caminar mucho un día, sino en hacerlo durante varias jornadas consecutivas. Y ahí está la diferencia.
Puedes estar acostumbrada a caminar por tu ciudad, hacer alguna excursión de vez en cuando o pasar varias horas recorriendo una ciudad durante un viaje. Pero otra cosa es levantarte, caminar durante horas, descansar y repetirlo al día siguiente. Y después volver a hacerlo.
Hoy no pensaría en «ponerme en forma» como si tuviera que preparar una competición o una maratón. Pero sí que empezaría unas semanas antes con caminatas progresivamente más largas, intentando acostumbrar al cuerpo al esfuerzo y, si es posible, caminando varios días seguidos.
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Si estás preparando tu primer Camino y no sabes muy bien por dónde empezar, en esta guía te cuento cómo preparar tu primer Camino de Santiago paso a paso, desde la planificación hasta los aspectos prácticos que conviene tener en cuenta antes de ponerte a caminar.
“Caminar mucho un día no es lo mismo que caminar mucho varios días seguidos.”
La preparación no tiene que ser complicada. Se trata de que el primer día del Camino no sea también el primer día en que tus piernas descubran lo que significa caminar durante horas.
Llevar una botella de agua demasiado pequeña
Otro de esos detalles que parecen insignificantes hasta que estás caminando y empiezas a pensar: «¿Cuánto falta para poder rellenar esto?».
En mi caso, llevé una botella de agua demasiado pequeña, de 500 ml, para lo que necesitaba. Y aunque podía ir rellenándola durante el recorrido, dependía bastante de encontrar un lugar donde hacerlo. Esto puede ser más o menos problemático dependiendo de la etapa, la época del año, el calor y los puntos disponibles para reponer agua.
Por eso, uno de los consejos para hacer el Camino de Santiago que me habría venido bien es no elegir la botella únicamente pensando en que ocupe poco espacio. También hay que pensar en cuánto tiempo vas a estar caminando y qué posibilidades tendrás de rellenarla.
Hoy elegiría una capacidad algo mayor y adaptaría la cantidad de agua a la etapa concreta, especialmente si hace calor o el recorrido tiene pocos puntos de abastecimiento.
💡 Lo que haría hoy: antes de empezar cada etapa comprobaría su duración, el tiempo previsto y dónde puedo rellenar agua. Así no tendría que hacer cálculos de supervivencia con una botella de medio litro.
💧 La botella que llevaría ahora
Si volviera a hacer el Camino, cambiaría mi botella pequeña por una de 1 litro y con mejor capacidad para conservar el frío. Para mí tiene más sentido llevar algo más de agua disponible y no depender tanto de encontrar un punto donde rellenarla.
La que estoy considerando es Sparrow Botella de Agua de Acero Inoxidable de 950 ml, porque mantiene las bebidas 6 horas calientes o 12 horas frías, lo cual me parece interesante para etapas en las que haga calor. Además, incluye dos tapas: una con pajita y otra con boquilla.
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Pensar que iba a ser simplemente un paseo largo
Creo que este fue más un error de percepción que de preparación. En mi cabeza, el Camino era algo parecido a una caminata larga: sales por la mañana, caminas unos cuantos kilómetros, llegas al destino y listo.
Pero el Camino tiene una diferencia importante: mañana vuelves a caminar.
Y después vuelves a hacerlo al día siguiente.
El cansancio se va acumulando y también influyen cosas que no siempre tienes en cuenta cuando miras únicamente los kilómetros de una etapa: madrugar, caminar durante varias horas, cargar la mochila, las subidas y bajadas, el terreno y cómo responde tu cuerpo después de varios días.
Ahí entendí que un primer Camino de Santiago no se prepara pensando solamente en «¿puedo caminar esta distancia?», sino también en «¿puedo hacerlo y volver a caminar mañana?».
No hace falta tener miedo al esfuerzo ni imaginar el Camino como una prueba de resistencia extrema. Simplemente conviene ajustar las expectativas. No es una caminata de domingo que termina cuando llegas a casa y te duchas. Y precisamente parte de su encanto está en esa continuidad.
“El Camino no es simplemente caminar muchos kilómetros: es caminar muchos kilómetros y volver a hacerlo al día siguiente.”
Elegir una mochila con más capacidad de la que necesitaba
Aquí hay una diferencia importante: el peso de mi mochila no fue un problema. Mi error estuvo en otro sitio.
Elegí una mochila de 30 litros y, después de la experiencia, creo que una de 28 litros me habría ido mejor. No porque esos dos litros de diferencia fueran a cambiar radicalmente el Camino, sino porque sencillamente me sobró capacidad.
Y cuando tienes espacio disponible, aparece una pequeña trampa: empiezas a pensar que quizá puedes llevar esto, aquello y «por si acaso» alguna cosa más. Precisamente por eso, más que preguntarte cuánto espacio puedes llevar, creo que merece la pena preguntarte qué necesitas realmente.
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Si estás haciendo la mochila para tu primer Camino y tienes dudas sobre qué merece la pena llevar y qué puedes dejar en casa, puedes consultar esta lista de esenciales para el Camino de Santiago, con una explicación de para qué sirve cada cosa.
La capacidad y el peso son dos cuestiones diferentes. Una mochila grande no tiene por qué ser pesada, pero disponer de más espacio puede hacer que terminemos llevando más cosas de las necesarias.
Hoy elegiría la mochila en función de lo que realmente necesito llevar, no de cuánto espacio me gustaría tener «por si acaso». En mi caso, una mochila para el Camino de Santiago de 28 litros habría sido suficiente.
👉 Mi aprendizaje fue bastante sencillo: no necesitas llenar todos los litros disponibles. Y si te sobra espacio, mejor que sea porque has llevado poco, no porque has comprado una mochila enorme con la esperanza de que algún día necesites llenarla.
🎒 La mochila que elegiría hoy
Después de mi experiencia, si volviera a hacer el Camino probablemente elegiría una mochila de 28 litros como Osprey mochila de senderismo Kyte LT 28. No porque los 30 litros que llevé fueran un problema, sino porque creo que esa capacidad se ajusta mejor a lo que realmente necesito llevar.
Lo que me gusta de esta mochila:
- 28 L de capacidad
- Diseñada específicamente para mujer
- Funda para lluvia incluida
- El respaldo brinda un sistema de transporte cómodo, acolchado y con ventilación
- Cinturón lumbar acolchado con dos bolsillos que mantienen los elementos esenciales a mano
- Tapa con amplio bolsillo con cremallera, y correas de hombro acolchadas y transpirables
No calcular bien mi ritmo y empezar demasiado fuerte
Cuando empiezas una etapa y todavía tienes energía, es fácil dejarte llevar. Ves el camino por delante, las piernas responden y piensas que puedes mantener ese ritmo sin problema… Hasta que llevas unas horas caminando.
Uno de mis errores fue no encontrar desde el principio un ritmo realmente sostenible. En un Camino no importa tanto llegar rápido como poder seguir caminando cuando todavía te quedan kilómetros por delante y, además, recordar que al día siguiente vuelves a empezar.
También es fácil compararte con otros peregrinos. Hay quien camina más rápido, quien hace más kilómetros o quien parece que podría seguir andando hasta Santiago sin despeinarse. Pero ese no es tu ritmo.
Hoy empezaría un poco más despacio de lo que me pide el cuerpo durante los primeros kilómetros y ajustaría después. El objetivo no es demostrar cuánto puedes aguantar, sino encontrar una velocidad que puedas mantener durante horas sin convertir la última parte de la etapa en una negociación con tus piernas.
Lo que haría diferente si volviera a hacer el Camino
Si volviera a empezar hoy, no cambiaría radicalmente mi preparación. Simplemente prestaría atención a esos pequeños detalles que la primera vez fui descubriendo sobre la marcha.
| LA PRIMERA VEZ | HOY LO HARÍA ASÍ |
|---|---|
| No entrené antes | Prepararía el cuerpo unas semanas antes |
| Llevé una botella pequeña | Elegiría una capacidad más adecuada para la etapa |
| Pensé que sería un paseo largo | Tendría en cuenta el cansancio acumulado |
| Elegí una mochila de 30 L | Probablemente elegiría una de 28 L |
| Empecé demasiado fuerte | Buscaría desde el principio un ritmo sostenible |
⭐ Ninguno de estos errores me impidió disfrutar del Camino. Y tampoco creo que exista una forma «perfecta» de prepararlo. Pero la experiencia tiene precisamente esa ventaja: la segunda vez ya sabes cosas que la primera todavía estás aprendiendo.
“No necesitas hacer el Camino perfecto. Solo necesitas llegar mejor preparado que yo la primera vez.”
Si vas a hacer tu primer Camino de Santiago
Si estás preparando tu primer Camino de Santiago, mi consejo es que no intentes controlar absolutamente todo. Prepárate, sí, pero deja también espacio para aprender sobre la marcha.
Entrena un poco antes, piensa bien qué necesitas llevar, asegúrate de tener agua suficiente y encuentra un ritmo que puedas mantener. Y, sobre todo, recuerda que caminar varios días seguidos es diferente a hacer una caminata puntual.
Si además es tu primer Camino, conviene revisar con antelación algunos aspectos prácticos que pueden pasar desapercibidos, como la Credencial del Peregrino. En la web oficial de la Oficina del Peregrino puedes consultar dónde conseguirla y qué requisitos tiene.
Los pequeños errores también forman parte de la experiencia. Algunos, sin embargo, puedes evitarlos antes de ponerte la mochila.
Y ahora me interesa conocer tu experiencia: ¿has hecho ya el Camino de Santiago? ¿Qué error cometiste la primera vez y qué no volverías a hacer?


